La Naqshbandiyya Mujaddidi
Uno de los grandes hitos de la historia de la Naqshbandiya se sitúa en India durante el siglo XVIII, cuando Ahmad Sirhindi (1564-1624), que era alumno de un enviado de Ajrar, Jwaya Baqi Billah, dio un nuevo vigor a la orden y volvió a formular su doctrina, enriqueciéndola con comentarios en una obra monumental, las Maktubat (Cartas). Esta obra tuvo, y aún tiene, un éxito sin par entre los naqshbandies de todo el mundo musulmán. Escrita en persa, pronto fue traducida a las principales lenguas del Islam, árabe, turco otomano, turco moderno y urdu. Es evidente que las Maktubat de Ahmad Sirhimdi llenaban un vacío importante en la historia de la cofradía desde Baha al-Din; la falta de un libro de referencia, que no podía ser una hagiografía, sino una exposición clara y concisa de la doctrina de la orden, Ahmad Sirhindi también fue conocido como el "renovador" (muyaddid), y la cofradía, después de él, se llamó Naqshbandiya-Muyaddidi. Una vez más, pero ahora gracias a la pluma de Sirhindi, la Naqshbandiya se distinguió de las demás tariqa al tomar posición contra uno de los principales dogmas sufíes, formulado por Ibn Arabi, el de la unidad de la Existencia (wahdad al-wuyud). En un plano más político Sirhindi ordenó a los soberanos mongoles que impusieran la Ley islámica (sharia) con más firmeza.
La expansión de la Naqshbandiya prosiguió en el siglo XVIII con su forma Muyaddidiya, y la cofradía llegó a regiones lejanas o recién islamizadas, al tiempo que se consolidaba en aquellas donde se había instalado desde el siglo XVI. En India, el hijo de Sirhindi, Muhammad Masum (m. 1668) y sus discípulos continuaron la obra misionera de Ajrar en dirección a oriente Próximo, hacia Meca, Medina, Turquía y Bosnia, utilizando siempre La Meca como centro de difusión. Asia central también acogió esta nueva versión de la orden y se rindió al hechizo de las Maktubat, que se leyeron hasta el país de los tártaros y el Volga.
En el siglo XIX apareció otro renovador. Se llamaba Maulana Jalid (m. 1827) y era de origen kurdo. Descubrió la Naqshbandiya-Muyaddidiya en La Meca con un derviche indio, y por consejo suyo viajó a Delhi, donde pasó varios años estudiando con Shah Ghulam Ali (m. 1824), de la ascendencia espiritual de Ahmad Sirhindi. De vuelta a Kurdistán, Maulana Jalaid dio un nuevo aire a la Naqshbandiyya-Muyaddidiya, que de todos modos siguió estando marcada por sus orígenes indios, Fiel a Ajrar y a Sirhindi, Maulana Jalid siempre insistía en la importancia crucial de la Ley Islámica y sobre todo, como Sirhindi antes que él, desconfiaba de los infieles británicos e hindúes, preconizó la defensa del Islam frente a la penetración de las potencias cristianas. En el Imperio otomano, Oriente Próximo y los Balcanes, esta nueva forma de Naqshbandiya, llamada Naqshbandiya-Jalidiya, reemplazó a la Naqshbandiya-Muyaddidiya. A fines del siglo XVIII fue introducida en el Cáucaso, primero en Daguestán y luego en Chechenia, donde coordinó la lucha contra el invasor ruso y más tarde contra los soviéticos. Podemos citar los nombres del imam Mansur (m. 1791), Qadi Mulla (m. 1832), Sheij Shamil y el checheno Uzun Hayi (m. 1920). La Jalidiya se introdujo, pasando por La Meca, en el mundo malayo, donde la había precedido la Muyaddidiya.
Thierry Zarcone
Copyright © 2013 SufismoChile.cl
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